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Dónde viven los ácaros: un recorrido por tu casa

30 de agosto de 2026

Luz de la ventana entrando en un salón en penumbra

Casi todo lo que se publica sobre ácaros del polvo está escrito desde la medicina: qué son, qué alergia provocan, qué síntomas dan.

Falta la parte práctica, que es la que sirve para hacer algo: dónde están exactamente en tu casa, y por qué en unos sitios sí y en otros no.

Y hay un principio que lo ordena todo.

El principio: siguen a la comida

Los ácaros del polvo comen escamas de piel, que es lo que soltamos continuamente sin darnos cuenta. Y necesitan humedad, porque no beben: la absorben del aire.

De ahí sale una regla que permite recorrer la casa entera sin memorizar nada: hay más ácaros donde más rato pasa un cuerpo. La concentración sigue al uso.

Con eso puedes ordenar tu casa de mayor a menor sin que nadie te lo diga.

El recorrido, de más a menos

El colchón. El primero, con diferencia, y no hay discusión. Ocho horas cada noche, contacto directo, piel y sudor. Es el sitio ideal para ellos y es justo lo que no se puede lavar. Lo tienes desarrollado en ácaros en la cama.

La almohada. Proporcionalmente a su tamaño es tan importante como el colchón: está en contacto con la cara, el pelo y la respiración. Y muchas admiten lavado a temperatura alta, así que es de lo más fácil de resolver.

El sitio fijo del sofá. No el sofá entero: tu sitio. Ese en el que te sientas siempre, con su hueco marcado. Es la segunda superficie donde más rato pasa un cuerpo en una casa, y casi nadie la asocia con esto.

El cabecero tapizado. Vertical, grande, a treinta centímetros de tu cara toda la noche y sin lavar jamás. Es la pieza olvidada por excelencia, y la tienes en limpiar un cabecero.

La alfombra del dormitorio. Por lo que cae y por su posición.

Los cojines decorativos y las mantas de sofá. Se usan mucho y se lavan poco.

Las sillas del comedor y la de oficina, sobre todo la de oficina, por las horas.

Las cortinas. Superficie textil grande, pero con una ventaja: están en vertical y suelen estar cerca de la ventilación, así que acumulan menos de lo que su tamaño sugiere.

Los peluches, si hay niños. Van a la cama, así que suman las dos condiciones.

Y luego, poco. Las sillas de la cocina, la tapicería del comedor que nadie usa, los textiles de una habitación de invitados cerrada. Tienen polvo, pero no la comida constante que hace falta.

Fíjate en que la lista no va por tamaño ni por lo sucio que parezca algo: va por horas de cuerpo.

Lo que los alimenta sin querer

Hay tres hábitos domésticos muy extendidos que juegan a su favor:

Hacer la cama nada más levantarte. Durante la noche dejas humedad en las sábanas y el colchón. Si lo tapas de inmediato, la encierras justo donde ellos la quieren. Dejar la cama abierta un rato antes de estirarla es de las cosas más eficaces y más gratis que existen.

Tender la ropa dentro de casa. Es una fuente de humedad continua, y en invierno con las ventanas cerradas se nota mucho.

No ventilar. Diez minutos al día en el dormitorio cambian la humedad de la habitación entera.

Lo que no es cierto

  • El bicarbonato no mata ácaros. Absorbe olores. Es probablemente el consejo más repetido de internet sobre este tema y no se sostiene.
  • No se ven. Miden unas décimas de milímetro. Si ves algo moviéndose, es otra cosa.
  • No pican. Lo que provocan es alergia a sus excrementos, no picaduras. Si hay picaduras, mira otra cosa: puede ser pulgas o chinches, y esto último tiene su propio artículo en chinches en el colchón.
  • No son un signo de suciedad. Están en todas las casas del mundo, también en las impecables. Solo son un problema para quien reacciona a ellos.

Qué hacer con la lista

Si en casa no hay síntomas, con ventilar, no encerrar la humedad y lavar la ropa de cama a temperatura alta tienes cubierto lo razonable.

Si hay alguien con alergia o asma, la lista de arriba es tu orden de prioridades, y el criterio es simple: lo que se pueda lavar a temperatura alta, se lava; lo que no, hay que abordarlo de otra forma.

Y ahí es donde está el problema de fondo: las tres primeras piezas de la lista —colchón, sitio del sofá y cabecero— son precisamente las que no entran en una lavadora. Para esas hace falta extraer, que es inyectar una solución y aspirarla en el mismo movimiento para sacar lo que hay en las capas de abajo, no solo lo de la superficie. Es lo que hacemos en la limpieza de colchones y tapicerías, y tiene sentido sobre todo cuando hay alergia de por medio.

Lo que no tiene mucho sentido es empezar por las cortinas.

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